Paladeo mi próximo destino: Tetuán. Me detengo en la sonoridad de la T; en la nasalidad final. En todo lo que encierran unas letras. En cómo seis de ellas te pueden cambiar la vida.
Salgo de casa apenas hora y media antes de que lo haga el vuelo de Ryanair que me llevará hasta el aeropuerto Sania Ramel en la ciudad marroquí de Tetuán. La paloma blanca. Echo un último vistazo a una de esas postales con foto que se mandaban hace más de 100 años: Día 1 de septiembre de 1918; te envía este recuerdo tu sobrino, Aureliano Ruiz, desde Tetuán. El cosquilleo que me invade el cuerpo no es el mismo del de otros viajes.

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ToggleVisitar Tetuán: la paloma blanca de Marruecos
A veces me pregunto si no estamos entumecidos: por tanto estímulo, por tantas listas y vídeos y experiencias y viajes que hay que hacer. Si se ha perdido la magia de lo desconocido, de lo ajeno.
Pienso en mi abuelo y en la única vez que salió de España. Pienso en lo que pudo sentir cuando vio esas seis letras por primera vez: Tetuán. Le imagino con los ojos muy abiertos, intentando procesar la luminosidad, los olores, lo intrincado de las calles de la medina, las voces, los gestos. Le imagino con unos nervios muy diferentes a los míos.
En 1948, Tetuán era la capital del Protectorado español en Marruecos, y lo seguiría siendo hasta 1956. ¿Cuántas cosas cambian en casi 80 años?
No sé si mi abuelo vivió en el Barrio español, si probó la pastela, si odió el té, si un nudo le apretaba la garganta cada día. Solo sé que 80 años más tarde, yo recorro esta ciudad parándome en cada detalle, mirándola con los ojos del que recela, pero también espera.
Mi abuelo nunca me contó cómo fue su experiencia en Tetuán, pero, si quieres, yo te cuento la mía y quizá tú también quieras recorrerla.
Alojamiento en Tetuán
No te voy a mentir: puede que encontrar tu alojamiento en Tetuán se convierta en toda una odisea. Y no lo digo porque falten opciones, no; lo digo porque es muy fácil perderse en cualquiera de los giros de sus laberínticas calles. Sin ir más lejos, yo me quedé en uno de sus riads y nos mandaron varias páginas con fotos para que pudiéramos encontrar el camino.
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Si quieres echar un vistazo, me alojé en el Riad & Café culturel BAB EL FAN, una preciosa casa tradicional en medio de la medina. Puede que el aterrizaje sea un poco complicado, pero yo te recomiendo encarecidamente que te alojes en esta zona de la ciudad. Ver cómo se despierta y se duerme la medina no tiene precio.

Imprescindibles de Tetuán
Un taxi nos dejó junto al Cine español, a un paso del Palacio real y de la puerta Bab Rouah que nos dio acceso a la medina. Lo primero que me vino a la cabeza fue «vale, no estoy en Marrakech ni en Fez; esto es otra cosa».
En Tetuán no verás muchos turistas, ni demasiadas tiendas y restaurantes cortados por la misma tijera. Probablemente Tetuán haya cambiado muchísimo en los últimos 80 años, pero quizá no tanto como otras ciudades más famosas del país. Eso sí, no te creas que no hay lugares que ver en Tetuán, porque estoy segura que hay muchos que no te esperas.

Piérdete en las calles de la Medina
No voy a negar que Marruecos me apasiona, que se me erizó el pelo la primera vez que oí allí la llamada al rezo o que me encanta su caos ordenado. Porque eso es lo que siento cada vez que me pierdo en alguna de sus medinas: un agobio controlado. Sin embargo, creo que la Medina de Tetuán es de las más impresionantes que he conocido en el país —y eso que la de Fez es una maravilla.
Lo habrás leído mil veces, pero lo mejor es perderse. Déjate atrapar por el recorrido irregular, por las tiendas que se abren a los lados —y que muchas ya no se ven en España—, por la gente que se va cruzando. Cómprate algún capricho e interactúa con los locales.

Barrio judío de Tetuán
Cerca del Palacio Real y de la Plaza Hassan II, se extiende el barrio judío o mellah, construido a principios del siglo XIX. El anterior, que ocuparon los judíos expulsados de España, fue destruido por el sultán Mulay Sulayman en 1807.
Quizá lo pasees sin darte cuenta y lo tomes como una continuación del resto de la medina. Pero te invito a que pares en los detalles, en las marcas del suelo y en las placas que indican lugares turísticos. Quizá en ese momento descubras sin querer un pequeño cambio en los edificios, la sinagoga…

La plaza Feddan
Entre los lugares que visitar en Tetuán, uno de los que más me gustó fue la plaza o parque Feddan. He leído que ha perdido parte del encanto de otros tiempos, pero a mí solo la visión de la kasbah y de las casas que se extienden, todo lo que da la vista, rodeándola, me dejó maravillada.
Además, es un buen lugar para explorar otras zonas de la medina a través de puertas como la llamada Bab Tout.

La curtiduría de Tetuán
Sin duda, la curtiduría de Tetuán conoció mejores tiempos. Sin embargo, en su actual quietud, nos devuelve un sitio sin agobios, con muy poquita gente. Un sitio que invita a parar. De hecho, no te vayas sin ver cada una de las piscinas de tinte desde el pasillo superior. Además, también obtendrás el primer vistazo hacia la siguiente parada, el cementerio musulmán de Tetuán.

El cementerio de Tetuán
Muy cerquita de la curtiduría encontrarás la puerta Bab Mkabar, la más antigua de la medina, y por ella llegarás al cementerio de la ciudad. Te prometo que la visión es sobrecogedora, pero aun así, no te pierdas recorrer un pedacito de este gigante.
Aunque siempre te recomendaré la visión del atardecer, procura que no se haga de noche. No es que vaya a pasar nada, pero mejor estar de vuelta en el laberinto de la medina que quedarse en el del cementerio.

Por cierto, en un nivel superior se encuentra el cementerio judío. A mí no me dio tiempo a verlo, pero si tienes tiempo y ganas, nunca está de más.
El Barrio español
Durante la época del protectorado, la ciudad de Tetuán se expandió en lo que se conoce como Barrio español. Este nuevo ensanche se organiza en torno a la Plaza Moulay el Mahdi desde la que salen seis vías principales. En torno a la plaza y las calles próximas, encontrarás edificios como la iglesia de Nuestra Señora de las Victorias o el actual consulado de España en el país.
Una de las calles más señoriales de la ciudad es la Avenida Mohamed V que sale justo de la plaza Moulay el Mahdi. Allí encontrarás diversos cafés y restaurantes y algo más de paz que en el meollo de la medina —si eso es lo quieres.

Dónde comer en Tetuán
Hay muchas cosas que me unían de manera especial con mi abuelo, y comer era una de ellas. Era él el que me daba de su sopa cuando yo ya había cenado. Del que recuerdo pequeños rituales: su pera, su tacita de café, su A, B, C para comer y cenar. Quizá en Marruecos se lio la manta a la cabeza y se dejó llevar por los sabores o quizá se pegó al resto de españoles y no quiso saber nada más.
Ese hambre que empezó entonces continúa. Comer me hace muy feliz. Me lleva directamente a lugares, sensaciones y personas. Sigo sumando platos que me han marcado. Es verdad que quizá ninguno de mis restaurantes favoritos de Marruecos está en Tetuán, pero hay alguno que no está mal.
Te recomiendo los restaurantes Bab Ssour, el café El Ghersa —con unas vistas espectaculares— y el club Camo, con un ambiente local inolvidable.

Otras visitas en el norte de Marruecos
Tampoco sé qué vueltas dio mi abuelo por Tetuán. Si aprendió la calle por la que debía ir y conectaba, en la línea más corta posible, un lugar cerrado con otro lugar cerrado. Supongo que no vio demasiado. Que me pasó a mí no solo el hambre de sabores sino también el de ver lugares.
Si eres como yo, recuerda que Tetuán puede ser tu apertura hacia otros sitios de Marruecos como Chaouen, Tánger o Fez. Pero tampoco tiene que ser todo a la vez, tú también te puedes tomar tu tiempo.

Espero que haya habido algo que ver en Tetuán que te haya atraído: su cielo, su luz, su gente… o, al menos, esta historia.
Actualizado por última vez el 26 noviembre, 2025 por Leticia Gómez




